El Papa que rompe vallas; una vez más, se sale del protocolo

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La euforia por ver al papa Francisco se desbordaba. El Pontífice se tomó el tiempo, afuera de la Nunciatura, para bendecir a niños enfermos y otros fieles antes de partir hacia Ecatepec, Estado de México, donde oficiaría la misa multitudinaria del primer domingo de Cuaresma. Más tarde, fieles estuvieron conscientes de las diez horas de trabajo que tuvo el obispo de Roma, por lo que no insistieron en que saliera de la Nunciatura apostólica nuevamente.

Sin embargo, rompió una vez más los protocolos, como ya es costumbre, y a su llegada del Hospital Infantil de México Federico Gómez, el Santo Padre bajó del Fiat blanco en el que viajaba para dar un mensaje de amor y paz.

Cientos esperaron en las vallas metálicas en la Nunciatura, mientras los invitados especiales pudieron ingresar desde las 17:00 horas. Un coro de 20 niños del Colegio Lasalle de Seglares amenizó la espera, además de alentar a las porras.

A cargo de los directores María del Carmen Maldonado, y del coro, Carlos Ruiz Parra, los niños ambientaron.

El Papa llegó escoltado a las 18:36 horas, momento en el que se acercó a los fieles para pedir que rezaran por él, así como él siempre lo hace por los mexicanos. Dulcemente los exhortó a irse a dormir, dándoles la bendición.

“Francisco, asómate un poquito”, gritaron los entusiastas, quienes deseaban un momento más con él; sin embargo, uno de los organizadores anunció por el altavoz que el “Papa es un ser humano que requería descansar para su viaje”.

Después de una hora se retiraron, aunque aún habían fieles pidiendo que saliera a dar su bendición.

Aunque sea un segundo

No importa si el paso del Santo Padre y su saludo dura sólo un segundo, su presencia vale la pena; no importa despertar por la madrugada y montar guardia.

Testimonios narrados dieron cuenta que los mensajes de Francisco a los jóvenes sí son escuchados. A las 7:00 horas de ayer, el frío aún calaba los huesos, “hasta hace sentir que estamos en la parte más fría del mundo”, dijo un joven, quien abrazaba una de las vallas de metal, esperando ver al Santo Padre.

Para los jóvenes, “la imagen del Pontífice es diferente a la de todos los líderes mundiales; él ofrece confianza, una mano amiga, un consejo en el momento preciso y también un cambio dentro de lo más profundo de la Iglesia”.

Giovanni, un joven voluntario de la Universidad Anáhuac del Norte, dijo que el Papa “me deja mucha paz, esperanza y fe, valió la pena la espera.

“Para mí es un gran líder que está haciendo un trabajo, y que es la renovación de la fe en la Iglesia católica, que hace mucha falta. Hace falta este nuevo cambio, esta nueva visión.

 

Con Información de Excelsior

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